Un recorrido por los espacios privados de personajes históricos, para que compruebes que esto no iba solo de dormir
El dormitorio habla de quiénes somos, especialmente en nuestra adolescencia, pero también cuando llegamos a la madurez. Es nuestro refugio del mundo, donde transcurren las horas privadas y hacemos lo que de verdad nos gusta. A veces nos confirmamos con una cama, dos mesillas y el armario, cuando podríamos tirar de imaginación e incorporar elementos singulares. No solo un vestidor o una bañera, ¿por qué no una biblioteca o un gimnasio privado? La sugerencia tiene más recorrido (histórico) del que parece.
Hubo un tiempo en el que los dormitorios eran alcobas. De hecho, la palabra procede del árabe (al-qubbah) y significa literalmente ‘la cúpula’, puesto que en muchas de sus viviendas era la habitación destinada a guardar los objetos más valiosos. Con la Reconquista y el paso del tiempo, los miembros de la Corte y las familias más adineradas conservaron la costumbre de hacer de esta estancia el reflejo de su mundo. Y es así nos encontramos con nombres históricos, de la realeza y la cultura, cuyos aposentos merecen un museo. Y de hecho, muchos lo tienen.
Desde Atelier Jōm no pretendemos que reformes tu habitación para convertirla en un panteón. Solo que te entretengas, descubras y quizá te inspires a través del recorrido por la intimidad de personajes que creías conocer. Curiosos somos todos, así que no tengas complejos en echar un vistazo… que así te ahorras la entrada a la casa-museo.
El dormitorio del Rey Sol (Luis XIV 1638-1715)
Vamos a empezar a lo grande: por un palacio que consta de 2.300 estancias repartidas en 63.154 m2. Casi nada. El Palacio de Versalles es una visita imprescindible en Francia y la Cámara del Rey, una razón en sí para desplazarse hasta el complejo. Aunque antes había sido empleada como despacho, fue reservada para el uso personal de Luis XIV, el Rey Sol, en 1683. El dormitorio es profundamente ostentoso: ricamente decorado en oro y con unos ventanales que permiten una perspectiva simétrica de los famosos estanques del jardín. A su vez está conectado con la sala de recepción, para que el monarca se retirase cuando gustase de las fiestas, y el Grand Couvert, la estancia donde solía cenar a solas frente a la chimenea. Lo hacía con cubiertos de oro, claro, y tenía la deferencia de que los cortesanos pudieran mirar mientras disfrutaba del banquete.

El refugio de Lope de Vega (1562-1635)
Quienes se encuentren en Madrid tienen la opción de recorrer la Casa-Museo de Lope de Vega, que se preserva en buen estado en el Barrio de las Letras. El dramaturgo vivió en ella los últimos veinticinco años de su vida y, por descontado, su personalidad late en cada uno de los rincones. La que fuera su habitación está en la primera planta, donde encontramos la clásica estancia castellana, con contundentes muebles de madera y bien preparada para el frío de la capital. Como corresponde a la época, no se queda en una sala: conecta directamente con el estudio, por un lado, y el orador, por el otro, dando constancia de cuáles eran sus dos principales dedicaciones (Lope sentía un gran fervor religioso). Paradójicamente, también sentía por las mujeres y la jardinería, como constata el huerto del inmueble, por el que solía dar largos paseos para inspirarse durante los procesos de escritura.
Los aposentos de Sisí Emperatriz (1837-1898)
Hasta el final de la monarquía, el Palacio de Hofburg fue la residencia y el lugar de trabajo de la familia imperial austríaca. Los aposentos del emperador Francisco José y la emperatriz Isabel, a la que la historia recuerda como Sísi (sobre todo debido al cine), están accesibles a las visitas en Viena. Y evidentemente es ella quien más curiosidad despierta. Sus aposentos no se limitan a la zona de descanso: incluyen las salas de ejercicio, los lavabos y la sala de baño de la emperatriz. Como consecuencia de su excéntrica personalidad, la emperatriz comenzaba su jornada a las seis de la mañana, con su acostumbrado ritual de peluquería. Todavía se encuentran las máquinas de ejercicios que hizo instalar para mantenerse en forma, como la espaldera, la barra y las anillas. Y resulta impresionante el comedor, con su mesa de estilo feudal, donde apuraba sus famosos caldos de verdura.

La habitación de Oscar Wilde (1854-1900)
¿Sabes que antes los escritores y demás artistas solían vivir, durante largas temporadas, en habitaciones de hotel? Esto les permitía viajar por todo el mundo para inspirarse aunque, en el caso de Oscar Wilde, su estancia parisina vino forzada por una condena en Reino Unido. Durante los últimos años de su vida, el literato irlandés se refugió en L’Alsace, que desde 1967 se llama L’Hôtel y hoy constituye un negocio lujoso de cinco estrellas. Pero claro, rinde homenaje a su inquilino más célebre con foto del autor, caricaturas y artículos de prensa enmarcados en la habitación. También está colgada la factura que dejó sin pagar y se preserva parte del cabecero original de su cama. ¿Por cuánto sale dormir a lo Wilde? Por 850€ la noche.
Y el glamour de Marylin Monroe (1926-1962)
Otra que también vivió en un hotel, aunque ocupando una auténtica suite de manera fija, fue la despampanante Marylin. El astro del cine se dormía observando las estrellas desde un ático neoyorkino junto a su entonces marido, Joe DiMaggio. El Hotel Lexington conserva la habitación, bajo el nombre original de la artista, que en realidad se llamaba Norma Jean, y permite alojarse en este espacio. El techo es de vidrio y los colores elegidos para la decoración son el blanco y el azul marino. Comunica con una gran terraza, idéntica a la del rodaje de ‘Cómo casarse con un millonario’. Y aunque la decoración ha sido actualizada (es la habitación que encabeza este artículo), también hay toques de color rojo para recordar los labios de la actriz, fotos de la pareja por toda la estancia e incluso bolsas de la tienda favorita de Marilyn, Bloomingdales, en el vestidor. Completan el escenario un jarrón de Chanel Nº 5 o un bate de béisbol.

La habitación de la Casa Blanca
Y terminamos por unas estancias en las que han estado desde John F.Kennedy a Barack Obama, pese a que hora duerme Donald Trump. Son, obviamente, las de la Casa Blanca. Cada presidente elige el ala dónde prefiere instalarse y la manera de situar a su familia. No obstante, sabemos que Michelle Obama prefería dormir junto a su marido en una sala de tonos beige y una cama antigua techada, con finas cortinas italianas. Sin embargo, Melania Trump tiene su propio cuarto, separado de la habitación Masters, que es la majestuosa suite donde se desvela el presidente. Cuenta con una salita privada, vestidor y dos baños. ¿Como que el cuarto no habla de nosotros? Y también de aquellos que nos rodean.
Ya se sabe, problemas de alcoba, aunque con tanto espacio libre, uno no se lo explica.



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