Primero fue independiente; luego alternativa. La zona de Ruzafa ha vivido la historia de València de soslayo y con personalidad. Es un barrio por el día y otro por la noche, donde conviven tradición y modernidad, con un futuro todavía por dibujar
Ser de Ruzafa es una manera de vivir. El barrio moderno, digamos hipster, convertido en epicentro de las tendencias; pero también el barrio de toda la vida, el del Mercado, donde los vecinos arrastran los carros de la compra. Tiene magia, tiene punch, la miscelánea. Fue de Ruzafa el filósofo Matías Perelló, quien ahora cuenta con su propia calle, y lo es también la ilustradora Paula Bonet, que ha dejado murales por todo el barrio. La mezcla cultural también ha propiciado el boom laboral, artístico y gastronómico de una zona que ha cambiado por completo en apenas dos décadas.
Pero hagamos memoria. Aunque ahora pertenezca al distrito de Eixample, Ruzafa fue un municipio independiente hasta 1877. De hecho, su origen se encuentra en el jardín de Abd Allah al-Balansi (y de ahí el nombre, del árabe Ruṣāfa, que significa jardín). Tras la conquista cristiana, toda esta extensión se convirtió en tierras de labor, mientras que los señores ocuparon las alquerías. La unificación con la ciudad llevaría siglos, y aunque el primer paso se daría con el derribo de las murallas en 1865, la anexión a València no se acordó hasta 1877 (y todavía entonces se mantuvo la figura del alcalde de barrio).
¿Qué ofrece este barrio hoy en día? Patrimonio, como la Iglesia de San Valero o el Mercado de Ruzafa, que es uno de los más importantes de la ciudad. También cultura, que bulle en sus bibliotecas y sus librerías, o en sus salas de música. Y arte, a cuenta de múltiples galerías y proyectos urbanos desarrollados en los últimos tiempos. Aunque quizá sea la gastronomía la mayor protagonista: de repente uno se encuentra comiendo en los mejores japoneses (Nozomi) y mexicanos (La Llorona); disfrutando la cocina de mercado (2 Estaciones) o celebrando con buen vino (Rodamón).

Hemos llegado hasta aquí
No ha sido fácil. Si nos remontamos al siglo XIX, nos encontramos con que las familias adineradas se habían instalado en las zonas del Ensanche más próximas al centro, como Cánovas y Gran Vía. En Ruzafa se quedaron los trabajadores y los comerciantes, que generaron un auténtico tejido de barrio. Durante el siglo XX, la zona empezó a tender a la marginalidad y delincuencia por el abandono municipal, y ya en los 80, acogió la llegada de numerosos inmigrantes atraídos por el bajo precio de la vivienda. Todo hacía pensar que estaba a punto de producirse una explosión, y de hecho así fue…
En el mejor sentido.
El hervidero de corrientes derivó en una ebullición cultural sin precedentes. Como ya vimos en el caso del Cabanyal, tuvo mucho que ver la acción ciudadana. En los 90, los proyectos arquitectónicos se vuelven hacia la rehabilitación de unos edificios con enorme potencial. Aparecen nuevos tipos de comercios, que nada tienen que ver con lo que se hace en otros puntos de la ciudad (aquello de la librería-cafetería-tienda) y se instala un runrún bohemio que ya no dejaría de subir el volumen. Y así es como Ruzafa cruza al XXI convertida en la zona más codiciada por la gente moderna de València.

Y nos dirigimos hacia allá
Ha habido, y quizá todavía hay, gentrificación. Los vecinos han luchado por alcanzar un equilibrio entre el barrio de día, por donde pasean y hacen sus gestiones, y el barrio de noche, que tiene una inmensa oferta de ocio. La lucha por acotar un horario de terrazas es un buen ejemplo. El movimiento hipster, que tanto impulso le dio a Ruzafa, también ha sido su lastre, porque molar mucho, ir en bici y llevar barba no lo es todo. Y de pronto, en 2019, nos encontramos con que las cosas podrían estar a punto de cambiar en favor de la vida familiar, algo a lo que contribuye enormemente la inauguración del Parc Central.
Ruzafa ya no es una zona barata para comprar vivienda; todo lo contrario. Pero es una apuesta segura. Son muchos los que se sienten atraídos por las fachadas de estilo modernista, por el interiorismo casi siempre actualizado y por la céntrica ubicación. La zona está repleta de servicios para las familias, pero también de oferta de ocio para los jóvenes, y los turistas no dudan en alojarse en sus calles. Una casa en la zona es una inversión rentable. Sin embargo, ante todo, Ruzafa es un barrio con personalidad. Cool.
¿O tal vez no? La palabra empieza a estar fuera de onda. Quizá los modernos también, y se hayan ido al underground del Cabanyal. Lo cierto es que eso solo haría que abrir otra etapa en el barrio.




Ruzafa nunca dejará de tener encanto. Ni en los peores años lo perdió. Están los que «vivo en el barrio» y estamos los que «soy del barrio». Los primeros son aves de paso, los demás aquí nos quedamos, con lo bueno y lo malo, porque nos sería imposible vivir en otro lugar.
Me ha encantado tu artículo.
Muchas gracias por tu comentario y, sobre todo, por ser parte de la verdadera alma del lugar. ¡Saludos!