Urbanismo y coronavirus

Escrito por Xavi Planells

22 abril, 2020
  • Pensemos si con nuestro modelo urbanístico, hemos puesto las cosas fáciles o difíciles a la expansión del coronavirus
  • ¿Hay relación entre densidad de población y mortalidad en la actual pandemia de coronavirus?
  • ¿Están nuestras casas preparadas para el confinamiento?

En esta época de actualidad informativa copada por la pandemia de coronavirus, podemos leer muchas noticias y artículos que conectan el virus con infinitos temas, entre ellos el urbanismo. Una de las reflexiones más socorridas es la pregunta de si vivir hacinados es bueno cuando nos enfrentamos a una situación como esta. Antes de nada, me gustaría incidir en la disyuntiva de si es más sostenible una ciudad de alta densidad que ocupe poca extensión, concentre los servicios y evite guetos, o un plan de baja densidad, que presupone ventajas como menor polución y más calidad de vida. Mi compañero Roberto Vila, ante esta pregunta, nos dice que lo más sostenible es combinar la alta densidad con zonas verdes y una buena planificación, que puede significar combinar lo mejor de los dos mundos (el recurrente ejemplo de Benidorm, pese a que es mayoritariamente segunda residencia). En cambio, en la realidad (y en EEUU) vemos ciudades que, en vez de aunar lo mejor de los dos modelos, han sido capaces de sumar lo peor: centros altamente poblados, en algunos casos con transporte público deficiente y suburbios vastamente extendidos.

Pongamos el ejemplo del área metropolitana Dallas-Fort Worth. 6,6 millones de habitantes viven en la Metroplex, que incluye 3 ciudades de más de un millón, con centros densamente poblados, reservados para altos niveles adquisitivos, con el coche como transporte principal. Dallas no cuenta con metro, pero tiene un tranvía muy cuco (menos cuco que el tren de Sóller). Estas tres ciudades están entretejidas por una red de suburbios, articulados por una maraña infumable de autopistas en obras, atascadas por camionetas y SUVs. Se nota que me apasiona Dallas, ¿verdad? En estos suburbios se concentran -y se expanden- los mencionados guetos, y me hacen preguntarme cuántos millones de metros cúbicos de asfalto, metros de cable o farolas se podrían ahorrar con un planeamiento algo más sensato. Y no pregunto ya por la gasolina.

Bien, vamos a suponer que lo ideal es el urbanismo de alta densidad (bien planeado). Pero, ¿es buena idea en caso de pandemia? Hace unos días leíamos un interesante artículo sobre los cambios en las ciudades, y una cosa me llamó la atención: las ciudades amuralladas funcionaban bien para aislar una ciudad de una epidemia, pero a la larga hubo que derribar las murallas, mejorando los resultados. No me quiero extender en el motivo, para ello recomiendo leer el artículo, pero me hago una pregunta: ¿por qué una medida funciona bien sobre el papel, y luego la medida contraria resulta ser más efectiva? Pues el ser humano tiene la manía de trocear la realidad para entenderla. Sí, en una ciudad amurallada podemos restringir la entrada de un virus, pero a menos que los virus tuvieran el aspecto y tamaño de, por ejemplo, Marc Gasol, una vez entran, permíteme la expresión, estamos jodidos.

Y lo mismo pasa con la densidad de población. La lógica dice que la alta densidad de población aumenta la probabilidad de transmisión. Si miras los dos mapas que hay abajo, puedes ver de forma muy gráfica que existe una relación entre densidad y mortalidad, hasta ahí ninguna sorpresa. Uno de los mapas muestra el estado de Nueva York y su densidad, y el otro muestra la mortalidad (no la cantidad absoluta de infectados, que por lógica siempre será mayor a mayor densidad). Pero, ¿es la densidad el único factor que aumenta la mortalidad? Yo me aventuraría a decir que no, y de hecho iría más allá y diría que la densidad en sí misma podría no tener una relevancia apreciable. Pero la densidad puede traer de la mano algún factor que sí sea de verdad importante. Si estás pensando en la contaminación, has acertado. Justo esta mañana leíamos otra noticia que habla de varios estudios que relacionan la polución y la fatalidad del virus. Y claro, no solo hablamos de que se contamine más, sino que se contamine en menos kilómetros cuadrados, aumentando la concentración de gases nocivos para la salud.

Relación entre urbanismo y coronavirus
Densidad de población del estado de Nueva York
Relación entre urbanismo y coronavirus
Mortalidad por Covid-19

Conviene también hacer una puntualización: no es lo mismo analizar una ciudad con alta densidad de población, que analizar una ciudad que sufra hacinamiento. Al principio de la pandemia, se observó un patrón que apuntaba a que el virus estaba atacando más a las regiones del mundo con mayor renta per cápita, lo que lo convertía en un virus de ricos. Pero por desgracia, nuevamente, tenemos que descartar el análisis fácil basado en la observación de una sola variable. Parece que, efectivamente, los números de la pandemia confirman la teoría de que el virus se ceba en lugares con mayor nivel, pero existen datos contradictorios. Hay otros estudios que achacan la diferencia a la temperatura (la inmensa mayoría de casos están en el hemisferio norte, y el virus se ha propagado en el invierno boreal), lo cual daría sentido a que Australia tenga pocos más de 6000 casos y 74 fallecidos (a día de hoy), siendo uno de los paises más ricos del mundo. Otros expertos dicen que la diferencia entre países ricos y pobres es que los sistemas de salud de los segundos no son capaces siquiera de contabilizar a los fallecidos. Entonces, ¿cómo afectaría el virus a una ciudad como por ejemplo Bombay, que tiene zonas con 400000 habitantes por kilómetro cuadrado, y grandes extensiones de asentamientos chabolistas en condiciones de salubridad infrahumanas? Pues creo que no es necesario responder la pregunta, pero nos permite añadir un factor más importante que la densidad, que es el cómo de bien puede vivir tanta gente junta.

Relación entre urbanismo y coronavirus
Bombay – By A.Savin 

Por último un apunte no menos importante. Si todo esto nos ha pillado desprevenidos, y hay modelos urbanos que no han favorecido la lucha contra la crisis sanitaria, para qué hablar de lo mal preparadas que están algunas viviendas para confinarse. Hace unos 3 años, nos dio por hablar del hygge, esa tendencia nórdica de sentirse bien en casa. Nos gustó mucho la idea, pero me da a mí que no nos la creíamos ni por asomo, seguíamos pensando en que la vida buena es la vida en la calle. El calor del verano igual favorece ese pensamiento, no diré que no, pero igual vamos a tener que recuperar esos libros sobre el hygge que nos compramos, máxime cuando muchos agorers dicen que el mundo no será como era, y vamos a pasar mucho tiempo en casa (y ojo que igual no se equivocan). Pero no se trata solo de leer un libro, encender velas y cocinar albóndigas, puede que los promotores y los arquitectos tengan (tengamos) que empezar a pensar en una nueva forma de ver las viviendas y por extensión las ciudades. Igual hay que dar importancia al confort térmico, a la iluminación, o a los espacios de ocio y trabajo.

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