Se está convirtiendo en costumbre el escribir sobre un barrio valenciano, contando que al principio bien, luego se convirtió en el Bronx (que igual no es para tanto), y luego otra vez bien. Hoy toca un barrio «marítimo», y luego se entenderán las comillas, con nombre de ciudad israelí, aunque su etimología es más bien valenciana.
Nazaret surgió como muchos barrios marítimos, como un asentamiento de pescadores, y en este caso también de trabajadores del puerto (así sigue siendo en el segundo caso). Este asentamiento, como también es común, se produjo alrededor de una construcción principal, el lazareto (llatzeret) que da nombre al barrio tras una deformación forjada a lo largo de casi tres siglos. Y queremos hablar de Nazaret, no porque se vaya a convertir en el “nuevo Cabanyal”, sino porque nos parece un barrio con una historia muy interesante, y no siempre en sentido positivo.

Siguiendo el esquema bien-mal-bien, vamos a ver, como si de una película de Tarantino se tratara (por el desorden temporal), cómo está el barrio ahora y qué futuro le espera. Si decimos que la historia “acaba” bien, es porque el barrio ha recibido tres buenas noticias, y esperemos que todas se acaben ejecutando. La primera es la realización de una promesa que ya tiene años, más de treinta, y es la ejecución de un parque en la desembocadura natural del Turia. La segunda es la ejecución de dos PAIs en zonas limítrofes al barrio, que darán continuidad a la ciudad, lo cual tiene más importancia de la que parece a priori. Y la tercera es la llegada de la línea 10 de Metrovalencia.
La primera de las buenas noticias nos sirve para, ahora sí, empezar a viajar al pasado, concretamente a 1986. En ese año, Nazaret perdió su playa. Y posiblemente empezaron entonces los años de la leyenda negra del barrio, con su fama de zona conflictiva, golpeada por el narcotráfico, la prostitución y los asentamientos informales. Mucha gente piensa que los problemas del barrio empezaron cuando perdió el mar de vista. Y si nuestra única fuente es la Wikipedia, no lograremos salir de esa idea. Pero vamos un poco más hacia el pasado, a principios de siglo XX, cuando el barrio era incluso zona de veraneo de la burguesía valenciana. Ya había desaparecido el hospital que daba nombre al barrio, y nada hacía presagiar que este pequeño pueblo (porque tenía y tiene alma de pueblo) colgado del Turia, iba a entrar en una espiral descendente. Precisamente fue el Turia el culpable de muchos de los problemas del barrio. Para empezar, la riada de 1957, que dañó el barrio, situado junto a su desembocadura. Luego llegó la solución sur, que para la zona fue más bien un problema, en primer lugar porque dejó el último tramo del río convertido en el sumidero de la ciudad (esto, junto con la actividad portuaria, ya dejó inservible la playa), y en segundo lugar, porque ya se aprobaba lo que se llevaría a cabo en 1986: la ampliación del puerto hacia el sur, que tapiaba la salida al mar del barrio. Y asociamos este hecho con la ejecución del parque de la desembocadura porque era una de las promesas que esperan los habitantes de Nazaret desde que les apartaron de la costa, a modo de compensación. Por cierto, la zona también acogerá la ciudad deportiva del Levante UD, que siempre ha de dar algo de caché al lugar.
Mucha gente piensa que los problemas del barrio empezaron cuando perdió el mar de vista.
Antes de entrar en las otras dos noticias, que vienen a tener un impacto similar, sería interesante saber qué pasó entre el momento en que todo se empezó a torcer y la actualidad, porque entenderemos mejor hacia dónde va el barrio. Y no pretendo hacer un tratado histórico exhaustivo, por lo que es probable que falten datos que puedan ser relevantes en la historia de Nazaret, pero prefiero no poner el foco en los citados problemas de drogas e inseguridad (no son exclusivos de aquí: véanse, en un pasado no muy lejano, Ruzafa, Velluters o -todavía- el Cabanyal, sitios hoy en día muy cotizados). Donde sí quiero apuntar es al maltrato urbanístico que ha sufrido el barrio. Porque perdió la playa y muchas hectáreas adyacentes, pero también porque se construyeron piezas industriales insalubres como Moyresa, una mole a 8 metros de la vivienda más cercana, considerada tóxica, que se ha desmantelado recientemente. Y también porque era el lugar perfecto para concentrar vivienda social barata a partir de los 60, con el riesgo de guetificación contraído al ejecutar algo realmente necesario con nula planificación ni preocupación. Y también porque la situación del barrio, encerrado entre el puerto, el cauce antiguo del Turia y la nada (antes conocida como la Punta), favorecía el aislamiento del resto de la ciudad, hasta el punto de que los lugareños dicen eso de “ir a Valencia”, porque no sienten que formen parte de Valencia, y porque, en definitiva, están de facto apartados de Valencia. Y también, por ideas geniales como la Fórmula 1: además de las obras, los días en los que se disputaba el Gran Premio de Europa, se cortaba el puente de Astilleros, por lo que no es que Nazaret no formase parte de Valencia, es que sus vecinos no podían ir a Valencia (a ver, podían, pero Nazaret quedaba a la misma distancia del centro que, digamos, Picanya). Y como decía antes, no es una tesis sobre la historia del deterioro del barrio, así que tampoco he recopilado todos los episodios de desprecio a nivel urbanístico por parte de la ciudad (tampoco he mencionado el uso de un balneario como almacén de troncos, gracias a los cuales falleció aplastada una vecina, y que inició en serio el movimiento vecinal, o los problemas con el tráfico de camiones), pero creo que se entiende ya la idea de la existencia de una jaula urbana, a pocos kilómetros del idílico dentro de la ciudad de moda del momento. Y añado una teoría presente en la mente de muchos de los habitantes del barrio: la idea era dejar morir el barrio y que fuese conquistado por el puerto. No han podido.
Existe una teoría presente en la mente de muchos de los habitantes del barrio: la idea era dejar morir el barrio y que fuese conquistado por el puerto. No han podido.
Las otras dos noticias, en teoría, mitigarán este aislamiento. El PAI del Grau, que fue aprobado no hace tanto, en la sección sur del infame circuito de F1 (diseñado por el infame Hermann Tilke, uno de los artífices del muermo que impera en la categoría), y el del camino de las Moreras, pegado a Nazaret por el oeste, y que parece crecer a toda máquina tras el parón de la crisis, dejarán el barrio pegado a zonas nuevas (y muy demandadas) de la ciudad. Posiblemente incluso permita al barrio dinamizar su economía, aunque no quede a salvo del peligro de la gentrificación. Vamos a esperar que todo sea para bien, y que no acabemos hablando de la enésima conquista hipster-airbnb. Además, es probable que estos dos nuevos barrios atraigan vías de comunicación con el centro. De momento ya contamos con una, la citada línea 10, la tercera buena noticia, cuyas obras ya se han retomado, y que permitirá acercar a los vecinos de Nazaret a Ruzafa. Que igual lo de la conquista hipster-airbnb lo estamos poniendo demasiado fácil y acabamos viendo baos y ceviches en el mercado municipal.

Por terminar, me voy a atrever a recomendar una visita al barrio. Porque hemos hablado del castigo que ha sufrido por quedar colgando de un hilo de la capital, porque hemos hablado de aislamiento y de problemas de convivencia. Pero hemos dejado lo bueno para el final: el espíritu de pueblo, de cercanía, la conciencia vecinal, su historia, e incluso su arquitectura popular. Y bueno, que al fin y al cabo esto es Valencia y el mar está cerca, así que seguro que comes genial.




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