Vale, el título es un homenaje a uno de mis grupos musicales favoritos, que ha anunciado su separación recientemente. Pero el caso es que me viene de perlas para mi misión de hoy. Un buen día, un servidor tuvo la idea de preguntar a varias personas completamente ajenas al sector por su opinión acerca de los arquitectos. Una encuesta trampa, hecha por el único personaje de Atelier Jōm que no es arquitecto a personas que, torticeramente escogidas, no hubieran tenido mucha relación con arquitectos más allá de cagarse de vez en cuando en Calatrava. Esperaba que este pseudo-estudio sociológico artificial y viciado sacase a flote alguna reflexión sorprendente. ¿Qué transmiten los arquitectos a la sociedad?
Vamos a empezar por abajo: ¿qué idea llega de los arquitectos a la gente completamente ajena a ellos? Es un poco como preguntar: ¿qué idea tienen de nosotros los rusos o los tailandeses? Pues seguramente lo que llegan son los tópicos. La encuesta realizada, si se le puede llamar así (no busquen la ficha técnica, no la encontrarán), nos dio dos palabras clave. Ojo con ellas: sacadineros y caraduras (o sinvergüenzas, según el usuario). Qué fuerte, ¿no? Claro, era lo que esperábamos haciendo una encuesta tan adulterada.
¿Qué idea llega de los arquitectos a la gente completamente ajena a ellos? Es un poco como preguntar: ¿qué idea tienen de nosotros los rusos o los tailandeses? Pues seguramente lo que llegan son los tópicos.
¿Sacadineros? Pues parece que existe la costumbre, casi como un rasgo cultural muy nuestro, de llamar sacadineros a los profesionales. Y no solo a los arquitectos, también a los notarios, los abogados, incluso a Mariano Rajoy (en la actualidad, no cuando era presidente). Los arquitectos suelen decir aquello de «no cobro por lo que hago, sino por lo que sé». Pues ahí está el fallo, amigos. Cualquier albañil siempre sabrá más que vosotros, y siempre cobrará menos, y de ahí viene la crítica. Parad el carro, que esto no es una ácida crítica a los albañiles, ni estoy ninguneando a nadie. Lo que es es una crítica a la falta de respeto por el conocimiento y la formación. Ser albañil es duro, y es igual de digno que cualquier otro trabajo, que requiere de aprendizaje y experiencia. Pero la diferencia fundamental es que, para empezar a trabajar de albañil, solo hace falta el alta en la seguridad social (muchas veces, por desgracia, ni eso). Y luego ya podemos empezar a aprender. Para poder siquiera llamarse arquitecto, hay que invertir mucho tiempo, dinero y esfuerzo. Para firmar el primer proyecto, hay que colegiarse y pagar un seguro. Para que un arquitecto duerma tranquilo, tienen que pasar 12 años (responsabilidad civil, dicen). Eso es lo que justifica que un arquitecto te saque la panoja. Y si el ejemplo del albañil te parece controvertido, voy a poner otro que muestre lo injusto del calificativo: un futbolista falla un penalti, o pierde la marca en un gol, o simplemente se llama Isco, y nadie usa el término sacadineros. ¿Se caerá el Allianz Arena si Lewandowski falla un gol cantado? No, o por lo menos no literalmente. ¿Se caerá el Allianz Arena si en Herzog and De Meuron no estuvieron muy finos con los cálculos? Puede ser… El Bayern de Múnich es uno de los clubes con más presupuesto del mundo, y puede que en un año pague en sueldos de jugadores varias veces lo que pagaron en su día por el proyecto (lo digo a ojo, pero no creo que esté errado). No critico que los jugadores de fútbol ganen mucho dinero (dicen que lo generan), pero nunca entenderé que el sacadineros sea el arquitecto.

¿Caraduras? Este calificativo está más relacionado con el saber que con el hacer. Porque yo soy de los que piensa que los arquitectos cobran por saber, pero también por hacer. Y al parecer, hay arquitectos que no solo son sacadineros por su estatus, sino también porque echan cara al asunto. Y ojo que aquí hay que hacer autocrítica, porque parece que hay gente que capta que ciertos arquitectos hacen el egipcio (hacer el egipcio: dícese de la acción de poner una mano por delante y la otra por detrás, con el fin de pillar doble), y que hacen lo posible por encarecer los trabajos. Lógicamente, son una pequeña minoría los que trabajan de una forma manifiestamente deshonesta, pero siempre se les da más bombo. Pero creo que la transparencia puede ayudar a que los clientes menos entregados puedan dejar de pensar que los arquitectos son caraduras necesarios.
Son una pequeña minoría los arquitectos que trabajan de una forma manifiestamente deshonesta, pero siempre se les da más bombo.
Volviendo al título, la canción que lo inspira habla de aquella época en la que todos los empresarios de la construcción iban en Volkswagen Touareg. Igual la fama de sacadineros y caraduras cogió kilos en la época. Pero además hay que reconocer que la arquitectura tiene referentes muy excéntricos. Aunque sabemos que no debe ser fácil proyectar para Cristiano Ronaldo…

PD: Ningún arquitecto, albañil o futbolista (salvo Isco) ha resultado herido en la redacción de este artículo.




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