Moverse por València de manera sostenible

Ciclista

Escrito por Almudena Ortuño

28 enero, 2020

El empuje del ciclismo, los vehículos eléctricos o la red de transporte urbano son las piedras de toque de una conciencia respetuosa que está definiendo una nueva urbe

València es una ciudad de mar, una ciudad de huerta. Una metrópolis de innovación, pero a la vez, con una tradición muy arraigada. De profundo respeto por el entorno. No se entendería sin su luz,y por eso nos conviene cuidar del color de los cielos, y tampoco sin su playa, así que nos toca portarnos mejor. Fue deplorable que el temporal Gloria sacara a la luz todas nuestras vergüenzas (toneladas de plásticos que el mar expulsó sobre la arena, algunos de ellos con décadas de antigüedad). De ahí la necesidad de políticas municipales e iniciativas privadas en favor de la sostenibilidad, entre las que hoy venimos a destacar las que tienen que ver con la movilidad urbana, porque hay más de las que suponemos.

El año pasado, Greenpece nos situó como la segunda ciudad española en el ranking de Movilidad Sostenible, con una puntuación de un 6,6 sobre 10 (ligeramente por detrás de Bilbao y Barcelona). También en 2019, el Organismo de Naciones Unidas para las Tecnologías de la Información y la Comunicación (UIT) reconoció al Ayuntamiento de València con el Premio U4SSC por su labor para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030. No estamos tan mal, es lo que parecen decir los reconocimientos internacionales, y sin embargo, ¿por qué seguimos oyendo las quejas de ciudadanos que querrían coger el coche y acabar con los patinetes?

Lo que de verdad tiene valor es el día a día. Y el día a día es una cuestión de conciencia. Carriles bicis cada vez más largos y transportes públicos cada vez más funcionales. En la medida que nos adaptemos a lo que está por venir, seremos una ciudad de futuro. De hecho, es que ya lo somos.

El mundo ciclista

Valencia sostenible

El anillo ciclista celebra, este año, su tercer aniversario. Lo hace con una media de usuarios que casi roza los dos millones. El actual consistorio ha fomentado que esta infraestructura esté creciendo pasos agigantados, hasta alcanzar los 5 kilómetros que ahora rodean la capital. Ha habido tramos donde la implementación no ha sido fácil (recordemos la polémica por reducir el paso de de coches en la Avenida Reino de Valencia), y otros que todavía están por llegar (el Ayuntamiento ha pedido a Europa que financie el 50 % de los carriles bici que se ejecutarán en la Alameda y General Avilés); pero todo va llegando. Entre tanto, crece el sentimiento de unión por parte de los ciclistas, que refuerzan su condición a través de festivales, y hasta trabajan unidos para conseguir una red de aparcabicis cerrados y a pie de calle. Hay empresas de alquiler, públicas y privadas, por doquier. Quién lo habría imaginado hace alrededor de una década, cuando en el horizonte solo se divisaban los puestos de Valenbisi

La nueva mensajería

Hablando de ciclistas, Ciclogistic es una empresa de mensajería rápida y flexible, fundada en 2018 y localizada en la ciudad de València. Fue uno de los proyectos elegidos por Col·lab, el espacio de apoyo al emprendimiento social y urbano de Las Naves, todavía en funcionamiento. Su filosofía es los repartos se realicen con vehículos que ofrezcan garantía de cero emisiones y con riders‘ con contrato laboral, lo que evita la utilización de falsos autónomos (hola Glovo). Aunque todo el mundo piensa en empresas como Deliveroo, lo cierto es que la ciclologística puede ser una solución muy interesante, en tanto que permite transportar paquetes muy diversos, de manera muy personalizada. Solo hace falta coherencia en su derrollo. De ahí que, también en 2018, las compañías de bici y triciclo del sector se unieran en una asociación para reivindicar una mayor profesionalización. Ya van por su segundo congreso.

Coches eléctricos compartidos

Coche eléctrico


No es ninguna distopía: ya existen en Madrid y Barcelona. De hecho, es raro que el carsharing, (que así se llama el invento) esté tardando tanto en llegar a València. Tras dos años de retraso, este mes se anunciaba la puesta en marcha de un proyecto piloto con cien vehículos eléctricos, a cargo de la empresa valenciana Cargreen. Los usuarios podrán tomar prestados los coches de su flota (vía APP), conducirlos y estacionarlos en cualquier zona libre de la ciudad. Al final, el Ayuntamiento ha accedido a conceder una licencia, que no es una autorización al uso, para desarrollar una normativa relativa a estos nuevos modelos de movilidad y obtener información sobre el funcionamiento en las vías urbanas. Es una iniciativa en la línea de la que viene impulsando Alternacoop. La cooperativa valenciana, con sede en Albalat del Sorells, cuenta en la actualidad con casi 400 socios ya tienen tres coches eléctricos compartidos (próximamente dispondrán de una furgoneta para repartir productos ecológicos de Som Alimentació). Y además, busca implantar en el área metropolitana de València el primer puesto de recarga eléctrica, de 700 m2, para lo que ha lanzado una campaña de crowdfunding.

Un transporte público mejor



A finales de 2019, el alcalde del municipio valenciano de Ontinyent, Jorge Rodríguez, anunciaba que todo el transporte urbano de la ciudad pasaría a ser gratuito a partir de 2020. Una medida pionera en las ciudades de más de 30.000 habitantes en España, aunque complicada de negociar con las empresas de transporte metropolitano. València no ha llegado a ese extremo (excepto cuando celebra el Día sin Coche), pero sí trabaja en otro tipo de medidas para mejorar la red de pública, que es un pilar básico en la transformación sostenible de la ciudad. A partir de 2020 se trabajará, por ejemplo, en la configuración del título único para EMT, Metrovalencia y Renfe Cercanías; o los autobuses lanzadera, con conexión a los polígonos industriales; además de la nueva linea de Metrovalencia, que unirá el centro histórico y el barrio marítimo, con paso por la Ciutat de les Arts i les Ciències. Por cierto, que el taxi será considerado como transporte público en la nueva Ordenanza de Movilidad. 

Y oye, que igual les toca ponerse las pilas y volverse eléctricos. 

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