Cómo ha cambiado València: El Carmen

Barrio del Carmen

Escrito por Almudena Ortuño

22 enero, 2020

El casco histórico de la ciudad, donde se refugia el patrimonio cultural, ha vivido años de decadencia. Por suerte, hay esperanza, y pasa por la cultura, la hostelería y los jóvenes

En el corazón de València laten ruinas romanas, una muralla musulmana, torres góticas y algunos balcones modernistas. Una ciudad es su historia, y el empedrado de las calles del centro revela que aquí ha habido mucha. El barrio de El Carmen se corresponde con el casco viejo de la ciudad y tiene la herencia de todas las culturas pasadas. No solo por una cuestión de legado arquitectónico; también en lo referente al estilo de vida, que como no podía ser de otro modo, no ha dejado de transformarse.

Hablamos de un barrio milenario, que creció entre la muralla árabe y cristiana, cuyo perímetro siguen delimitando las Torres de Quart y las Torres de Serranos. Debe su nombre a la iglesia y el convento del Carmen Calzado, y mantiene la Plaza de igual nomenclatura como epicentro de la vida social. Otras zonas muy concurridas son el Mercado de Mosen Sorell, o las calles de la Cava Alta y la Cava Baja, que desembocan en la concurrida Plaza del Tossal. La Plaza del Negrito se suma como punto clave, donde comienzan las primeras copas de la noche. Alrededor hay múltiples sitios de restauración y de ocio, que durante mucho tiempo han sido más frecuentados por los turistas que los locales.

Y eso es lo que está empezando a cambiar.

Lo cierto es que el centro histórico de València, inserto en el distrito de Ciutat Vella, vivió una etapa de deterioro durante la última mitad del siglo XX. Al problema del vecindario envejecido y las casas sin restaurar, se sumó el furor del botellón (ahora aplacado), el alto índice de delincuencia (sobre todo, prostitución y menudeo de drogas) y el avispero turístico. Viene recuperándose desde hace apenas unos años, pero no cantemos victoria. Poco a poco, la gente joven ha vuelto a poner su mirada en el corazón de València y tiene proyectos que podrían devolverle el pulso a la ciudad…

Siempre que les dejen.

La recuperación de la identidad

Convent Carmen


La recuperación de los centros históricos pasa porque tengan vida. Por tanto, junto al mantenimiento de los monumentos y la rehabilitación de los edificios, es esencial impulsar aquellas iniciativas que atraen la gente. Allá por 2000, el Ayuntamiento de València se propuso recuperar la zona a base de planes de urbanismo, pero no fue suficiente. Hacia falta la fuerza cultural, el prestigio de la gastronomía y la iniciativa de todo tipo de empresas, públicas y privadas, que pusieran en marcha nuevos modelos.

Pues bien, ha ido llegando. Hitos importantes han sido la apertura del Centre del Carme,  en 2017, que ha permitido transformar el antiguo convento en un espacio expositivo, donde se practica el arte contemporáneo en todos sus lenguajes. Artes escénicas, cine, música, diseño, edición, libros… También el Mercat de Tapinería, espacio multitasking en la plaza del mismo nombre, para eventos diferentes y creativos, donde los comercios son efímeros y la gastronomía está a la altura. Un hervidero de gente joven y alternativa. Suena mucho mejor que un montón de ruinas abandonas.

El proyecto más reciente, y no exento de polémica, es Convent Carmen. Tras 11 años clausurado, el Convento de San José y Santa Teresa abría sus puertas en 2018, y lo hacía reconvertido en una sala de conciertos y mercado de gastronomía. Un lugar de encuentro de la cultura, el arte, la música y ocio; hasta la fecha inédito en la ciudad. Sin embargo, en el último año se ha desatado la cruzada de algunas asociaciones vecinales, que claman por la licencia del recinto y piden al Ayuntamiento su cierre. Se quejan del ruido, de la gente. Pero al mismo tiempo, se están quejando de un nuevo modelo de ciudad.

Los retos que habrá en el futuro

Los vecinos quieren tranquilidad, los hosteleros piden movimiento, y la ciudad se debate entre ambas necesidades en su punto neurálgico. Tanto es así que, en 2019, El Carmen afrontó su primer verano como zona ZAS (Zona Acústicamente Saturada), una consideración definitiva tras siete años de aplicación provisional. Todavía hoy, federaciones y asociaciones de empresarios  mantienen un contencioso contra el Ayuntamiento de València porque temen que suceda como en otras áreas de la ciudad donde se ha decretado la medida. Xúquer, Woody y Juan Llorens terminaron por morir como espacios de ocio. En el centro parece complicado que pase lo mismo, pero ahí está el riesgo.

Calles de El Carmen


Otro de los grandes retos es el de los apartamentos turísticos. La comisión municipal de Patrimonio no deja de recibir peticiones acerca de proyectos hoteleros y de apartamentos turísticos en El Carmen. Paralelamente, aumentan las protestas vecinales por la falta de promociones públicas, que reactivarían el auténtico tejido de barrio. La última solución ha sido redactar el Plan de Ciutat Vella, que establece restricciones de edificios completos de uso turístico en todo los barrios de València, pero deja como excepción Sant Francesc. Parece complicado encontrar el término medio que haga sentir cómodos a los de dentro y a los de fuera, porque ambos son necesarios para el futuro de la ciudad.

Ojalá un Carmen donde la gente saliera a pasear de la mañana a la noche. Donde los turistas, que son bienvenidos, se alternaran con los locales. Donde los restaurantes hicieran barrio, relegando los sucedáneos de paella y las jarras de sangría. La buena gastronomía se puede convertir en palanca; también las iniciativas culturales. No será fácil la intervención pública; hace falta la gente.

Dejemos que El Carmen se vuelva a definir por sí mismo. La historia nos ha demostrado que es capaz.

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